7/1/22

La hija oscura - Por Carlos Correa

Disponible en Netflix.


Femenina, íntima y profunda, esta película dirigida por Maggie Gyllenhaal y basada en la novela homónima de Elena Ferrante, cala hondo. La historia presenta a Leda Caruso -Olivia Colman-, una profesora universitaria que pasa sus vacaciones en Grecia. Abstraída del mundo, la tranquilidad de su tiempo estival se rompe con la llegada de una numerosa y bulliciosa familia. Allí conoce a Nina -Dakota Johnson-, una joven madre que se desespera cuando Elena, su hija de tres años, desaparece en la playa.

Leda encuentra a la pequeña pero se apropia de su muñeca, un incidente aparentemente menor que sin embargo acusa el conflicto interno que se detona en la protagonista. Podemos observar claramente los puntos en común entre Leda y Nina, en tiempos distintos pero similares en esencia, y son justamente esas claves las que dan vida a un relato que va creciendo en tensión a través de un desarrollo contenido y también vibrante.

Inscrita dentro de las películas más interesantes del 2021, este filme aborda la maternidad y la sexualidad de una manera diferente. ¿Cómo compatibiliza una joven madre su vida profesional, su vida personal y su vida familiar? ¿Debe privilegiar alguna? ¿Sacrificar otra? Las contradicciones son múltiples, a pesar que el contructo social tiene probablemente solo una respuesta.

Si hay roles establecidos y atribuidos, esta historia rompe con los moldes y tabúes. Si hay prejuicios, la cinta explora asertivamente otros juicios. Confronta la predestinación con la liberación, y también pone acento en lo injusto que resulta el juzgar las decisiones de los demás.

Después de ver esta película me he cuestionado bastante sobre el origen del título. La novela se llama “La hija perdida” y el filme se presenta como “La hija oscura”. La traducción es francamente un equívoco, porque implica anticipar algo que su propio desarrollo intenta discernir. ¿Se usa oscura como sinónimo de perdida? Ni de cerca. ¿Será perdida, en su original, algo que tiene más relación con algún otro tipo de pérdida, no un extravío o algo concreto, sino más bien en torno a un tema conceptual? Y si lo tomáramos literalmente, ¿por qué habría oscuridad en la elección de un camino y en contraposición, luz en la elección de otro? ¿Es todo binario o existen miradas diferentes?

Actuaciones sólidas, vibrantes, y llenas de carácter nos entregan Olivia Colman, Jessie Buckley y Dakota Johnson. Maggie Gyllenhaal filma realmente bien, muy de cerca, con primeros planos que resultan agobiantes, y que permiten observar pequeños detalles, gestos y miradas, constituyendo un genuino y exitoso intento de retratar lo más íntimo de Leda Caruso en cada etapa de su vida.

“The Lost Daughter” posee bastantes cabos sueltos. ¿Requieren explicaciones? Tal vez es mejor sentir que entender. Hay culpa, compasión, perdón; tal vez una permanente búsqueda o quizá alguna aspiración. Responde al duro camino recorrido hacia la esperada tranquilidad y perspectiva que dan los años, algo que no se resuelve fácilmente y tampoco es del todo satisfactorio. ¿Redención? ¿Paz? En este caso, es posible que ni siquiera el tiempo tenga la clave de la razón. Es emoción la que emerge a raudales entre los recovecos de estas heridas del pasado que se resisten a sanar.

Ficha técnica

Título original: The Lost Daughter
Año: 2021
Duración: 121 minutos
País: Estados Unidos
Productora: Coproducción Estados Unidos-Reino Unido-Israel; Endeavor Content, Faliro House, Pie Films, Samuel Marshall Productions
Género: Drama. Intriga | Thriller psicológico. Maternidad
Guion: Maggie Gyllenhaal. Novela: Elena Ferrante
Música: Dickon Hinchliffe
Fotografía: Hélène Louvart
Reparto: Olivia Colman, Dakota Johnson, Peter Sarsgaard, Jessie Buckley, Paul Mescal, Oliver Jackson-Cohen, Ed Harris, Dagmara Dominczyk, Alba Rohrwacher
Dirección: Maggie Gyllenhaal

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