29/4/19

Tarde para morir joven - Por José Blanco

Hace más de 60 años que voy al cine y medio siglo que comento películas, así es que no puedo evitar advertir intertexualidades cuando me toca ver una nueva. En este caso, Tarde para morir joven (título que es anfibológico, puesto que tarde puede ser un adverbio, pero también un substantivo) me trae a la memoria dos producciones totalmente disímiles entre ellas. Una es Un domingo en el campo (Un dimanche à la campagne, de Bertrand Tavernier, 1984), por su ambientación escénica y fotografía, y la otra es La aldea (The Village, de M. Night Shyamalan. 2004) por su atmósfera claustrofóbica a pesar de transcurrir al aire libre.

Pero, sobre todo, el principal corte extra-hollywoodense lo da el tema de la incomunicación al mejor estilo del Michelangelo Antonioni de La noche (La notte, 1961) o el Ingmar Bergman de A través de un vidrio obscuro (Såsom i en spegel, 1961). En medio de tanto slang chileno ininteligible, el silencio y los planos secuencia constituyen un lenguaje universal.

La comunidad ecológica donde transcurre la “acción” tiene mucho de presidiario o de jardín zoológico. Una discusión acerca de si instalar o no la electricidad, los robos que quedan impunes o la substracción del agua comunitaria son sólo algunos aspectos de los problemas que conlleva a una falsa libertad que se quiere obtener sólo con replantear los términos de “el contrato social”.

Son los niños los que por ahora disfrutan de esta forma de vivir sus vacaciones. Los adultos rehúyen sus responsabilidades en el alcohol y la música, dejando en evidencia que no tienen mayores problemas económicos. Pero los adolescentes piensan en que su existencia es algo más que vegetar o participar en una fiesta de Año Nuevo.

El ejemplo vivo de la insatisfacción de estos últimos es Sofía que – con una madre ausente y un padre indiferente - quiere escapar de ese lugar, mientras empieza a sentir el acicate del sexo en su cuerpo que se desarrolla. Y el transgénero Demian Hernández entrega a la perfección la ambigüedad efébica de la adolescencia, cuando aún no están definidos los rasgos masculinos ni femeninos.

Los símbolos de la virilidad y de la adultez (la resistencia etílica, la motocicleta, el cigarrillo) acompañan la búsqueda de la imposible realización personal en un espacio tan reducido. Al final, la libertad es la de la perrita que huye de la prisión dorada.

Ficha técnica

Drama 
Storyboard Media Chile, Brasil, Argentina, Holanda y Qatar – 1,50 hrs. 
Fotografía: Inti Briones 
Edición: Catalina Marín Duarte 
Diseño Prod.: Estefanía Larraín 
Actores: Demian Hernández, Antar Machado, Magdalena Tótoro Antonia Zegers, Alejandro Goic Guionista y Directora: Dominga Sotomayor Castillo

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