2/4/20

La Cabaña - Por José Blanco Jiménez

La desaparición de una hijita y la sospecha de que pueda haber sido asesinada por un psicópata ha sido tratada ya varias veces en el cine. Y el resultado es siempre la resolución de un enigma policial.

En este caso, el padre se sobrepone a la desesperación gracias a una experiencia absolutamente nueva, que lo lleva a reconsiderar todo lo que había hecho hasta ese momento en su vida.

No creo ser un spoiler por lo que estoy diciendo, puesto que La cabaña es la adaptación cinematográfica de uno de los libros de ficción cristiana más famosos de los últimos tiempos. Escrito por el canadiense William P. Young, surgió como una autoedición que preparó como regalo de Navidad para sus hijos.

Mack Phillips, durante una excursión a un lago, debe intervenir puesto que se ha volcado la canoa que llevaba a su hija y su hijo mayores. Cuando vuelve a la ribera, su hija Missy, de seis años, ha desaparecido.

La policía confirma que no es el primer caso y, de hecho, tiempo después en una cabaña se encuentra el vestido de la niña.

Esta tragedia sume en el dolor a toda la familia y, en particular, a Mack que ya no cree en nada y pierde la fe. Pero, cuatro años más tarde, en el buzón de su casa, aparece un mensaje el que se le invita a visitar el lugar donde se produjeron los hechos.

Después de dudar, creyendo que se trate de una broma de mal gusto, llega hasta el lugar y encuentra en una casa moderna a tres personas, que no son otra cosa que los integrantes de la Santísima Trinidad cristiana: el Papá (una mujer afroamericana, Octavia Spencer, cada vez mejor en sus apariciones), el Hijo (un joven de aspecto medioriental, Aviv Alush) y el Espíritu Santo (una joven asiática, Semire Matusraba).

La triple hipóstasis se presenta como un hecho doméstico y – aunque la Spencer me trajo el recuerdo de la líder de los revolucionarios de Matrix en la cocina – la acogida tan placentera reinterpreta el mundo paradisíaco como un regreso a nuestra inocencia infantil, cuando aún no teníamos la responsabilidad de mantener una familia.

Un solo detalle: no me parece adecuada la elección de Sam Worthington en el rol principal. Es demasiado “jovencito” y está bien para hacer de Perseo en Furia de titanes 2 (2012) o de Jack Sully en Avatar. En esta película, su mejor momento es cuando nada a rescatar a sus hijos. Se requería un actor capaz de ofrecer matices en sus largos silencios.

(The Shack. USA, 2017)

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