12/8/19

Las reinas del crimen - Por José Blanco Jiménez

Basada en un cómic, la película presenta una situación social que – si no se tomara en serio – se podría considerar una comedia negra. Por desgracia, se parece demasiado a una realidad que no es exclusiva de la ciudad de Nueva York. Y, en este preciso caso, tiene sabor a panfleto xenofóbico.

Ni “Viudas”, ni “Buenas muchachas”. El mal no tiene género ni etnia. Se origina en la codicia y se expande con el beneplácito de los presuntos controladores de la criminalidad. Y, en este caso, la excusa para transformarse en jefas de la delincuencia en el barrio irlandés de Hell’s Kitchen (“Cocina del Infierno”) está en que los maridos, jefes de la mafia, fueron enviados a la cárcel.

Las tres amas de casa son: Kathy Brennan (Melissa McCarthy en un nuevo rol dramático), Ruby O’Carroll (de raza negra, una forastera que exuda odio y rencor) y Claire Walsh (una tímida esposa de un hombre violento, interpretada por la Elisabeth Moss de The Square, de Ruben Östlund, 2017; y Conspiración y poder - Truth, de James Vanderbilt, 2015). Las acompaña Gabriel O’Malley (Domhnall Gleeson), un veterano de la Guerra de Vietnam (los hechos ocurren en los años ’70), que está entrenado para matar.

En un ambiente como ése, los asesinatos y descuartizamientos están a la orden del día. Irlandeses, italianos y judíos se matan entre ellos y dominan las calles entregando un triste mensaje: ¡No a los inmigrantes que sólo traen muerte y delincuencia demencial!

También la acción de la policía es ambigua: el jefe Gary Silvers (el afro Common) tiene una actitud contemplativa y el agente de origen latino que quiere hacer su trabajo (E.J. Bonilla) pagará por ello.

La película está basada en un cómic de Vertigo de DC Entertainment y – si no se tomara en serio – se podría considerar una comedia negra. Por desgracia, se parece demasiado a una realidad que no es exclusiva de la ciudad de Nueva York. Y, en este preciso caso, tiene sabor a panfleto xenofóbico.

Un detalle: el título original (La cocina) me recuerda a un octogenario político chileno que, sin ambages, dictaminó que, para preparar y aprobar leyes “no todos entran en la cocina”.

(The Kitchen. USA, 2019)

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