5/5/21

Mi Obra Maestra - Por Carlos Correa

Disponible en Netflix. 


Al menos curiosa resulta esta cinta escrita y dirigida por Gastón Duprat. Digo curiosa, no obstante tal vez no es su mejor descripción, pero lo señalo dado que por su revestimiento genera curiosidad. ¿Es un drama o una comedia? Veamos.

Guillermo Francella es Arturo, un galerista que ama Buenos Aires. Se siente a sus anchas y describe la capital de Argentina como pocos saben hacerlo, desde el corazón. Un tanto sofisticado y carente de escrúpulos, este hombre gestiona, al parecer con bastante éxito, su propio espacio de arte en el centro de la ciudad.

Luis Brandoni, por su parte, encarna a Renzo, un pintor cuyos días de gloria han quedado en el pasado. Exitoso varias décadas atrás, sus obras ya no consiguen ventas y aquello deriva en un deterioro de su calidad de vida, tanto material como existencial. 

Arturo y Renzo son dos amigos entrañables. Su amistad de mil años los ha conducido por distintas suertes y diversas situaciones, como parte de un pasado que Arturo se niega a dejar atrás. Obsesionado por ayudar a su amigo, intenta colocar sus pinturas, inventa muestras, consigue encargos y busca por todos lados una esquiva ventana por la que ingrese dinero. Todos intentos vanos, porque el hosco y rebelde artista no da su brazo a torcer, insiste en sus puntos ideológicos y parece que ya no quisiera vivir más.

Hasta este momento, la película se interna en un drama de existencia -el artista en su ocaso- y roza la comedia para poder alivianar la carga. Personajes como la joven amante del pintor y ese porfiado joven español que quiere ser su alumno a toda costa, Alex -Raúl Arévalo-, son píldoras que acentúan el conflicto interior que acosa a Renzo.

Un accidente gatilla la primera vuelta de tuerca, el primer giro, y que anticipa, en parte, lo que veremos a continuación. El foco cambia, y la película se sumerge en una arena diferente, consiguiendo, tal vez sus mejores pasajes. Vemos, en ese instante, parte de la historia de estos amigos, su soporte emocional, los lazos imperecederos que les unen, pese a cualquier incidente, todo esto junto a una genuina voluntad de seguir unidos. Y atención, sin dejar de lado el tono lúdico de los diálogos y tampoco los sutiles toques de humor negro que recorren las líneas del buen elaborado guion.

Para cerrar aquel momento central, observamos cómo Arturo orquesta un plan para reflotar el nombre del pintor, revalorizar su obra y conseguir el anhelado reconocimiento artístico y económico. El tema avanza, y bastante bien, pero claro, aparece el segundo gran giro de la historia, cuando la película entra ya en su sección final. ¿Cómo se cierra el metraje, cuáles son los posibles caminos de solución?

Francella y Brandoni realizan geniales caracterizaciones. Sus personajes infunden prestancia, y, cada uno en su rol, alimentan esa aura especial que tiene mucho de teatralidad. Sus conversaciones, agudas y llenas de sarcasmo, dejan entrever posiciones disímiles, solo superables por una fuerza interior difícil de describir. En esos momentos vemos cómo esta obra flota entre el drama y la comedia, sin puntos radicales o claros que marquen acentos que le inclinen hacia uno u otro lado. Esto, que es virtud, se transforma tal vez en su punto más delgado, porque no permite definir algunas situaciones que se resuelven abruptamente, sin desarrollo, casi mágicamente, carentes de cuestionamientos o de procesos de elaboración.

“Mi obra maestra” se disfruta de principio a fin. Sostiene la intriga, atrapa en la medida justa y nos mantiene con la sonrisa a flor de piel. Tanto por la ductilidad de sus protagonistas -dejando de lado un par de secundarios de poco relieve-, como por un hilo conductor enrevesado, la cinta se consolida gracias a un apropiado nivel de compromiso. Y no son pocos los temas que aborda para esos efectos, no solo el arte y su valor, o el reconocimiento autoral, o el negocio de las transacciones. También están presentes la especulación, el aprovechamiento de las condiciones, la riqueza, el orgullo, etc. Encontramos asimismo la representación, ya lo dijimos, del mundo desde el propio artista, donde las frases de Renzo resultan especiales, pinceladas agudas con dejos de nostalgia que quedan flotando en el ambiente etéreo de la creación.

El valor de la amistad, de esas que realmente son a toda prueba, es lo que emerge al hacer una reflexión global. Podemos discutir los medios, podemos cuestionar la forma, pero la amistad se sobrepone a cualquier circunstancia. Y Arturo y Renzo no solo parecen amigos, son mejores amigos, casi hermanos. Ojo con la escena en la clínica, tal vez la más lograda, donde Brandoni no parece actuar sino que vive su personaje. Hay que conocer artistas así para comprender lo bien actuado de su rol a lo largo de todo el metraje.

Vuelvo a la palabra inicial, y es porque “Mi obra maestra” en verdad me despertó curiosidad. Bien actuada, bien filmada, con bella fotografía de locaciones y una banda sonora adecuada, la película contiene cien minutos que se pasan volando, y que al final de la reproducción agradecemos haber presenciado. Y esto es algo que no todas las películas consiguen, por lo que agradezco mucho la recomendación que me hicieron para llegar a ella. ¡Un acierto!

Ficha técnica

Título original: Mi obra maestra
Año: 2018
Duración: 100 minutos
País: Argentina
Productora: Coproducción Argentina-España; Televisión Abierta, Arco Libre, Mediapro
Género: Comedia. Drama | Comedia dramática. Amistad. Pintura
Guion: Andrés Duprat
Música: Alejandro Kauderer, Emilio Kauderer
Fotografía: Rodrigo Pulpeiro
Reparto: Guillermo Francella, Luis Brandoni, Raúl Arévalo, Andrea Frigerio, María Soldi, Alejandro Paker, Pablo Ribba, Roberto Peloni, Mucio Manchini, Julio Marticorena, Santiago Korovsky, Melina Matthews, Mahmoud Azim, Mohamed Nafad
Dirección: Gastón Duprat

No hay comentarios.:

Publicar un comentario