19/9/20

Encandilan luces - Por José Blanco Jiménez

Documental que ilustra la trayectoria de los Síquicos Litoraleños, grupo rock argentino. Para los que no se interesan tanto en la música, resulta una entretenida visita a las provincias del Litoral y sus curiosidades. Se puede ver en Centroartealameda.tv. 


Los chilenos tienen la tendencia a identificar Argentina con Buenos Aires, pero – en ese inmenso territorio – yo he tenido la suerte de conocer, en mi calidad de profesor de lengua y cultura italianas otras provincias como Santa Fe y – en particular – la ciudad de Rosario, que visito frecuentemente.

Digo lo anterior, porque este documental – además de rememorar la formación y las andanzas del grupo rock Síquicos Litoraleños – permite recorrer este hermoso y extenso territorio que llaman el Litoral y que, paradojalmente, no tiene costas.

En efecto, el nombre de la región es de la época colonial española, cuando – por la estructura del Virreinato del Río de la Plata – la actual Argentina tenía salida al mar por El Tapé, la Banda Oriental y la Guayrá. Después de la independencia de Uruguay y Paraguay, este sector histórico está constituido por las provincias de Misiones, Corrientes y Entre Ríos más Formosa, Chaco y Santa Fe. Por ello, aludía a Rosario porque allí es fuerte la presencia de inmigración paraguaya, lo que equivale a guaraní desde el punto de vista musical y lingüístico.

Y, precisamente, los Síquicos Litoraleños desarrollaron un ritmo contagioso, que mezclaba los instrumentos electrónicos con el chamamé (¡Sí! Ese mismo que bailaba Juan Payé con su guaina). Una simbiosis bastante curiosa, porque el chamamé tiene raíces guaraníes y – a su base musical indígena – se le agregaron influencias jesuitas. De ahí el uso simultáneo del “sapucai” (grito característico, que manifiesta emociones muy intensas) y del acordeón.

El grupo se formó en Curuzú Cuatiá, ciudad correntina, cuyo nombre en guaraní significa “cruz de papel” o “cruce de caminos” y el director Alejandro Gallo Bermúdez decidió filmar su historia (fue con ellos hasta Holanda) como una forma de evaluar una actividad artística inusual. Es así como Mark Gergis, de Sham Palace Records, los califica como “Los Pink Floyd de los pobres”. Y, de hecho, lo más agradable de la película es – precisamente – lo excéntrico de sus presentaciones sobre un remolque y los anuncios con un altoparlante por calles polvorientas a través de pequeñas ciudades, cuyas casas de un piso y sus jardines asemejan a las de provincias chilenas. Sus habitantes de piel tostada y rubicunda descansan o se asoman sorprendidos a las puertas ante el ruido y la música: los jóvenes bailan las variantes del chamamé, mientras los perros copulan en los patios. Por su parte, las radios locales, casi hogareñas, difunden las canciones en cassettes y CDs.

Un mundo y una existencia de tranquilidad, que se ve interrumpida por estos disfrazados viajeros disfrazados que traen alegría. Un territorio donde crece el cucumelo, un hongo psicotrópico, que las culturas milenarias americanas utilizaban para elevar sus “estados de conciencia”, según la sabiduría de los chamanes. O sea, es el mismo efecto del LSD en Los Beatles u otros conjuntos de los años ’60. A ello hay que agregar las experiencias de objetos voladores no identificados, que también son presentadas en la película.

Se trata de temas que pueden ser delirantes, como la música que ejecuta el grupo. Es así como, en una entrevista, el mismo realizador ha reconocido que “Una premisa era mantener ese misterio y que el espectador haga su propio camino, que se cuestione si lo que vio fue verdad o mentira”.

(Encandilan Luces, viaje psicotrópico con Los Síquicos Litoraleños. Argentina, 2018)

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