3/10/19

Rambo: Last Blood - Por José Blanco Jiménez

Sylvester Stallone se ha dedicado a replicarse con películas que reproponen a sus antiguos personajes, como Rocky Balboa, y tiene un público cautivo que lo sigue. Pero, justamente, por ser una réplica, se repite en situaciones ya conocidas.

Este Last Blood (recuerdo del First Blood, de Ted Kotcheff, que introdujo al personaje Rambo en 1982) empieza con un prólogo que tiene mucho de Riesgo total (Cliffhanger, de Renny Harlin, 1993) y, en toda su primera parte, se desarrolla como el Búsqueda implacable (Taken, de Pierre Morell), que protagonizó Liam Neeson en 2008.

Aquí los malos y secuestradores no son árabes traficantes de blancas, sino mexicanos, que aparecen como una violenta y terrible amenaza para Estados Unidos: son casi todos malos (con excepción de una periodista interpretada por Paz Vega), falsos amigos, sin sentimientos y sádicas aves de rapiña. El espectador sabe que se va a llegar a una matanza brutal de la que puede ver la esmerada preparación punto por punto. Y va a sentir satisfacción por el destino que espera a los criminales.

Rambo es un personaje creado por David Morrell, que – al igual que los protagonistas de El Francotirador (The Deer Hunter, de Michael Cimino, 1978) – ha sido marcado por la Guerra de Vietnam y que reacciona con inusitada violencia cuando ponen en peligro su supervivencia, pero deben esparcir “la primera sangre”. En Rambo II (Rambo: First Blood Part II (de George Pan Cosmatos, 1985) volvió a Vietnam “por su patria”, dejando en claro cuál era la política de Ronald Reagan (que, entre paréntesis, es la misma de los vaqueros contra los pieles rojas). En Rambo III (de Peter MacDonald, 1988) luchó contra los soviéticos para liberar a los afganos que, paradójicamente, después habrían de ponerse contra los norteamericanos. En el Rambo del mismo Stallone (2008), estuvo en Thailandia para rescatar a las víctimas de una crisis humanitaria provocada por un régimen criminal.

Este Rambo envejecido representa ahora los ideales del gobierno de Donald Trump, pero ha agregado otros elementos a su personalidad, que recuerdan a Benicio del Toro en Sicario (de Denis Villeneuve, 2015) o al Robert McCall de Denzel Washington en El justiciero (The Equalizer, de Antoine Fuqua, 2014). Es decir, primero se deja golpear por una turba de delincuentes, después penetra en su guarida para ajusticiar al jefe responsable y atrae a los enemigos hacia su fin haciéndoles sentir toda su función de némesis cargada de odio exterminador.

Un epílogo repasa los episodios anteriores, suscitando la nostalgia del presente. ¿Será un adiós o un simple “¡Hasta la vista!”?

(Rambo 5. USA, 2019)

1 comentario:

  1. ¿No estará un poco añoso Stallone para estas películas? Supongo que es lo que sabe hacer el hombre. No le queda de otra. Nadie le compraría el personaje de abuelo con nietos o el de padre preocupado de sus hijos (adultos). No iría al cine a verla, pero si el cable la coloca el próximo año, le daré una oportunidad, aunque sea para ver los guiños de las otras cintas que tiene.
    Gracias profe, por su comentario
    Saludos

    ResponderEliminar