26/7/16

Marguerite - Por Juan Pablo Donoso

Un filme admirable que nos hace “reír de pena”.

El caso real de Florence Foster Jenkins se ha puesto de moda en los últimos años. Comenzó representándose con éxito en el teatro del Edinburgh Fringe, escrito por Chris Ballance en 2001. 

Luego en 2005, llamada SOUVENIR, se estrenó en Broadway, protagonizada por Judy Kaye, y casi al mismo tiempo aparecía GLORIOUS, de Peter Quilter en Londres; y ya se ha estrenado en 24 países y 14 idiomas. Tuvimos ocasión de conocer en Buenos Aires la versión escénica de Stephen Temperley protagonizada por la talentosa actriz argentina Karina K.    

Ahora llega hasta nosotros este filme europeo dirigido por Xavier Giannoli llamado MARGUERITE, y se anuncia para pronto otra versión cinematográfica dirigida por Stephen Frears, llamada FLORENCE FOSTER JENKINS, protagonizada por Meryl Streep.

¿Qué hace tan atractiva esta tragicomedia para inspirar a grandes dramaturgos y cineastas?
Pues el caso real de una multimillonaria estadounidense que, en los años 20, decidió ser cantante de ópera careciendo en absoluto de talento y oído musical. Cantaba pésimo sin darse cuenta.

Fue gran benefactora de las artes musicales. Organizaba en su mansión fastuosas veladas diletantes de caridad, y apoyaba a jóvenes valores líricos.  El desastre surgía cuando intentaba deleitar a sus distinguidos huéspedes cantando, ella misma, arias famosas de ópera.

Los invitados  debían soportar la masacre de bellos trozos y, por mera cortesía, felicitarla al culminar sus interpretaciones.

El aplauso de sus aduladores llegó a tal extremo que ella, convencida de su talento, aspiró a presentarse para grandes públicos, en importantes teatros, y grabar discos. 

Jamás tomó conciencia que los espectadores y los críticos se burlaban de ella, y la promovían como paradigma de la ridiculez. Sin embargo, como figura pública tuvo la satisfacción de ser famosa, aunque fuera por ese motivo.

En esta ficción de Giannoli se llama Marguerite Dumont, una millonaria que  sufre de soledad y desafecto de su marido. La explotan unos jóvenes periodistas transformándola en un fenómeno publicitario. Nadie se atreve a decirle la verdad de su falta de talento. Para ascender en su carrera contrata como profesor de canto a un barítono homosexual en decadencia (Michel Fau), quien aprovecha de llenar la casa con un séquito de ayudantes parásitos. Incluso su fiel servidor Madelbos (Denis Mpunga) un negro grandote que, a su manera servil, también contribuye a la catástrofe final de su patrona.

Los méritos de esta película son muchos: la conmovedora actuación de Catherine Frot, el retrato psicológico de los actores secundarios, destacándose Michel Fau, el profesor, por el descaro de sus  aviesos intereses, y la rigurosidad fotográfica de Glynn Speeckaert, manteniendo las imágenes interiores casi siempre a contraluz, para equilibrar el “art deco” de la época con la alienación emotiva de la protagonista.

Xavier Giannoli mantiene su habitual narrativa de crueldad (Chanson D ´Amour (2006), Crónica de una Mentira (2009), Cuerpos Impacientes (2003). Logra mantenernos alerta en este caldo de hipocresía, mentiras y eufemismos, en que la compasión por la diva compite con la risa que nos provoca su dolorosa ridiculez. 

Ahora esperamos la versión de Frears, con Meryl Streep, para seguirnos sintiendo culpables, al igual que los personajes, por reírnos de la desgracia ajena.

UNA  FINÍSIMA  TRAGICOMEDIA  EN QUE LA RISA INEVITABLE  Y LA COMPASIÓN  VAN  INSEPARABLEMENTE  UNIDAS. 

Ficha técnica

Drama, música
Francia, República Checa, Bélgica
129 minutos
Fotografía:  Glynn Speeckaert
Edición: Cyril Nakache
Escenografía: Veronique Melery
Vestuario: Jean-Pierre Larroque
Actores: Catherine Frot, André Marcon, Michel Fau, Denis Mpunga, Lucien Beaumont, Astrid Whettnall
Director y guionista: Xavier Giannoli

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